SANTIAGO PRATS YA ESTÁ EN EL CIELO

5 Mar, 2024 | Familia

En el Cottolengo de Barcelona, donde estaba de fiel colaborador, desde hace 50 años, ha fallecido Santiago. Fue el domingo, día 3, así, sin hacer ruido, con delicadeza, como ha sido toda su vida.

En la Eucaristía del funeral, la Iglesia estaba llena con su familia, voluntarios, amigos, residentes… todos los que hemos sido “tocados” por la presencia de un “místico” como decía Mn. Bruno en una casa con mucho movimiento.

Compartimos la despedida que hizo M. Belén:

Nos hemos reunido como familia, para despedir cristianamente a Santiago, solo pueden salir de todos nosotros palabras de gratitud para quien ha pasado por nuestra Casa dejándonos la huella de su sencillez, de su humildad, de su calma y sobre todo de su discreta cercanía a todos, lo que hicieron de él un hombre muy espiritual y un amigo de Dios.

Para todos los que han convivido con él en San José o los voluntarios de la sala de Hombres y Adolescentes, notarán el vacío porque su larga vida en el Cottolengo lo convirtieron en maestro de cómo se debía entender la vida cottolenguina.

 

En el año 2017 se le pidió que redactará qué era para él el Cottolengo y cómo lo había conocido. Estas fueron sus palabras:

Madre Milagrosa:

Permítame contestar a todas las preguntas que me hace, con este pequeño testimonio de mi vocación; gracias.

Fue por mediación del sacerdote Josep Mª Balcells, escolapio, que vine al Cottolengo. El me insistía y por un tiempo yo no le hacía caso, hasta que decidí dedicar mis días de vacaciones a ir cada día al Cottolengo.

El primer día fue un 31 de Julio de 1974, que se celebraba a San Ignacio, patrón de la sala de hombres. En la tarde de aquél mismo día ya empecé a bañar a un buen hijo, junto con el que después fue Mn. Felix.

Cuando llegaba por las mañanas, un enfermero joven, que hacía la suplencia de verano, se había dormido y enseguida me vi lavando y levantando a los residentes que estaban todavía en cama.

Se me abrieron los ojos como platos al contemplar al mismo Jesucristo en la persona de los más pobres. Su presencia era desbordante.

Así pasaron 15 días y seguí viniendo, hasta marzo del año siguiente, los fines de semana.

Pasado este tiempo y viendo que Dios se manifestaba de forma muy extraordinaria, decidí dejar el trabajo de oficina, la familia y los amigos y pedí quedarme en el Cottolengo por una temporada; vine la vigilia de San José del año 1975.

Ocupé una habitación muy sobria (no había otra cosa), donde no había ningún signo piadoso y yo pegué en la pared una pequeña cruz de madera, que iba a ser para mi signo de la pobreza que abrazaba. El gozo del Espíritu Santo en mi interior era pleno.

Un día la hermana Concepción de adolescentes quiso arreglar y decorar una de las ventanas del pasillo y le ayudé a colocar unos cactus floridos; quedaron muy bien y en mi interior se produjo como consecuencia un gozo al que yo sin saber por qué no quise admitir.

Ya por la tarde en mi habitación me pregunté a mi mismo porque había actuado así, si parecía algo bueno; en ese mismo instante se cayó la cruz que había pegado en la pared. La respuesta del Señor era bien clara, lo hice por pobreza, no era algo que procediera del espíritu.

A partir de entonces, puedo decir que el camino de seguimiento a Jesucristo ha sido éste, un control de los gozos y gustos exteriores e interiores, junto a una gran simplicidad de pensamiento, y he de confesar que no me ha faltado jamás el consuelo del Señor.

De nuestro carisma destaco el abandono total a la Divina Providencia y la esmerada atención a la Eucaristía. Deo Gratias.

 

Como decía Joselito le estaremos siempre agradecidos. Le recordaremos en la Capilla, en la sala, en el trato con los más débiles, en el taller, en la Castanyera, en el Belén viviente… ¡en tantas cosas! Deja un hueco que sólo puede llenar la esperanza de saber que está disfrutando con Jesucristo al que él tanto amaba. Sabemos que desde el cielo va a seguir cuidando de todos.

GRACIAS SANTIAGO.