Domingo día 8 de junio, Solemnidad de Pentecostés, profesa Hna. Anna Umbert Pallàs, gran fiesta para la Iglesia, para la Congregación, para su familia y, muy especialmente, para la Hermana.
Tuvimos Eucaristía presidida por Mons. Javier Vilanova con varios sacerdotes y Antonio Macaya como diácono.
La Iglesia estaba llena, su familia, sus amigos, voluntarios y el Cottolengo, todo de gala.
La Procesión de entrada la encabezaba Hna. Anna con M. Belén y M. Claudia Patricia, Mons. Vilanova y el resto de sacerdotes.
El rito de la Profesión es muy rico. Se llama a la Hermana, el Celebrante le dice qué es lo que pide a la Iglesia y ella contesta que formar parte de la Congregación de Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo.
Sube al altar donde M. Belén recibe su profesión,
se le hace el cambio de velo, ya no usará el blanco del Noviciado sino el azul de las profesas, el Obispo le pone la Cruz y la Asamblea responde: Amén y un gran aplauso.
La Homilía de Mons. Vilanova, muy entrañable, destaca que al igual que Jesús, nuestro Esposo es Altar y Víctima, la Hermana se entrega también como altar y víctima para Él y para todos los necesitados como dice nuestra fórmula.
Invitó a los jóvenes que había en el Templo a responder generosamente si el Señor les llamaba.
Sus hermanos leyeron las Lecturas y las Plegarias. A la hora de las ofrendas, sus padres acompañaron a Hna. Anna.
Toda la Eucaristía enriquecida con los cantos de sus hermanos, amigos y de las Hermanas.
Al final otro fuerte aplauso y las fotos de las grandes Bodas.
Y llegó la hora de la comida, una gran mesa en el centro con toda su familia.
Se comió muy bien. Los «dómines» propios de la familia cottolenguina, palabras muy entrañables de su padre que ahora tiene de Yerno al mismo Jesús y al final las felicitaciones de todas las salas, un canto de las voluntarias, otros de su familia, con trompeta incluida, el Noviciado como Comunidad que deja y otro de las Profesas como Comunidad que la acoge.















































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