DESDE POPAYÁN RECUERDO A NUESTRA HERMANA ÁNGELES ANDREU, MISIONERA EN COLOMBIA,
25 Oct, 2024 | Familia
DOMUND 2024.
RECUERDO A NUESTRA HERMANA ÁNGELES ANDREU, MISIONERA EN COLOMBIA, EN EL 2º ANIVERSARIO DE SU PASO A LA CASA DEL PADRE
De la Palabra de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio, nace el deber de trabajar con todas sus fuerzas, según la forma de la propia vocación para que el Reino de Cristo nazca y se consolide por todo el mundo” (Const. 15).
Con este artículo de nuestras Constituciones de Hermanas Servidoras de Jesús os queremos compartir en este mes de octubre, mes de las Misiones, que nuestra Congregación se hizo “más” misionera en 1984 cuando tres de nuestras Hermanas fueron enviadas a Colombia, propiamente a Buenaventura, sus nombres, Hna. M. Ángeles Andreu, Diodora Rojo, y Pilar Parra. Dos de ellas ya en el cielo gozando de la presencia del Señor e intercediendo por todos nosotros.
No queremos dejar pasar el hacer este pequeño homenaje a nuestra Hermana Ángeles, fallecida el 11 de noviembre de 2022, su deseo fue siempre ser misionera y el Señor en su designio de amor, le concedió que viniese como superiora de la Comunidad de Buenaventura, después a la nueva fundación de Popayán en 1999.
Su vida fue un testimonio incansable de amor a Dios y a los Hermanos, se sentía misionera, evangelizadora, su carisma hacer sentir al prójimo el amor de Dios, mirar a los ojos y decir al pobre, al sin techo, al afligido… que Cristo le amaba y había dado su vida por él.
Vivió enamorada de Jesucristo… derrochó todas sus energías en el servicio a sus Hermanas de Comunidad, a las enfermas que residen en nuestras Casas, a todas las personas que entraban en contacto con ella, voluntarios, trabajadores, amigos… siempre pidió “dejar mis huesos en Colombia”… y así fue, amó de “balde hasta caer rendida” y la Providencia hizo que muriera como había vivido, aceptando la voluntad de Dios con una enfermedad, con un ingreso hospitalario y queriendo llevar la presencia del Señor durante el tiempo que estuvo ingresada, consolando a las personas que con ella se encontraban en el Hospital.
Todo un ejemplo de vida entregada… en estos días tenemos un recuerdo muy especial para ella, nos hemos acercado hasta el cementerio para rezar por ella, y por todas las Hermanas que nos han precedido, por el hermoso legado de vidas entregadas a Dios y haciendo vida las palabras de nuestro Fundador el P. Jacinto Alegre: “amor de obras, no de palabras”.
Gracias Hermana Ángeles, por el sí que supiste mantener en toda tu vida, por tu entrega generosa al servicio del Reino, por contagiarnos del canto que siempre salía de tus labios: “Llévame donde los hombres necesiten tus palabras, necesiten tus ganas de vivir, donde falte la esperanza, donde falte la alegría simplemente por no saber de Ti”, por ser de las vírgenes prudentes, que a la llamada del Esposo te encontró con la lámpara encendida.
Deo Gratias!
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