Este año, tuvimos una Vigilia Pascual muy solemne, con todas las lectura y cantos. Presidió esta Vigilia un sacerdote de Venezuela, que estudia en Salamanca, D. Carlos. Además de los de casa estuvieron una familia de un pueblo de Quijorna (Madrid) y algunos más del pueblo. Al día, siguiente, siguiendo la costumbre tuvimos la Comida de Hermandad, amenizada con cantos y en la que nos hicieron entrega de la felicitación pascual.
El martes 22 de abril, hicimos nuestra peregrinación a la catedral de Coria-Cáceres, donde el Sr. Obispo salió a recibirnos con gran amabilidad y cariño, junto con D. Julián Carlos y otros sacerdotes, nos leyeron un texto de bienvenida, en el que mencionaron el 150 aniversario del nacimiento del Padre Alegre. Entramos solemnemente en procesión y le entregaron a Margarita la cruz procesional para que la llevase. Al final el Sr. Obispo nos entregó unos recordatorios de esta peregrinación y al finalizar la peregrinación nos invitó a comer en una residencia del Obispado, donde estuvo comiendo junto a nosotros y después de una sobremesa nos despidió con grandes muestras de cariño y gozo.
También estuvimos ese día en el convento de la Madre de Dios, que fue fundado en el siglo XIII y tiene un bonito patio renacentista, con un suelo en piedras colocadas por los árabes, haciendo dibujos y que, a pesar de los siglos transcurridos, las piedras están tan bien ajustadas que no se han movido. Nos enseñaron la capilla muy bonita. Y las religiosas, muy amables, nos obsequiaron con dulces muy buenos que ellas hacen. La abadesa es tía de uno de nuestros acogidos, David Roncero. Luego aprovechamos también para dar un pequeño paseo por Coria y contemplamos el Castillo, que se conserva bastante bien.
En el regreso de la peregrinación, D. Julián Carlos nos invitó a conocer una ermita donde hay un Cristo muy venerado y querido, porque se le atribuyen varios milagros, está en uno de los pueblos que él atiende pastoralmente. Allí también nos hicimos una foto.
El día 30 de abril, solemnidad de san José Benito Cottolengo, al salir de la Santa Eucaristía, que se solemnizó, un grupo de nuestros trabajadores salieron cantando a la terraza donde estábamos, y junto al cuadro de san José Benito Cottolengo, nos cantaron la canción que os adjuntamos. Llevaban los simpáticos sombreros y un banderín de Cristo resucitado que movían al compás de la canción.
San José Benito Cottolengo, Patrono de caridad, protege a tus enfermos en toda necesidad; y a todos los que te honramos alcánzanos del Señor: servir siempre con amor
















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