Retazos
de mi vida

N de navegante

Os invito a recordar y navegar por los principales momentos de mi vida.
Nací el 24 de diciembre de 1874. Y en 1885 recibí por primera vez a Jesús. Estudié en el Real Colegio Tarrasense hasta los dieciséis años.
El 30 de agosto de 1892 llegué al Noviciado de los jesuitas en Veruela. Después de los años de estudio el 31 de julio de 1907 fui ordenado sacerdote.
Entre 1909 y 1918 transcurrieron los años de «vida oculta», la responsabilidad que tenía en el Colegio de Caspe era la de vigilante de disciplina de los niños. Era una ruta distinta de navegación.
En 1918 tomé la dirección de la Congregación Menor que mantuve hasta el día de mi muerte.
Junto con éste tuve varios ministerios en los que navegaba agarrado al mástil del Padre:
– Catequista del Centro de San Pedro Claver y del Patronato de la Sagrada Familia
– Dirección espiritual de jóvenes y mayores
– Visitador de hospitales
Desde 1922 a 1930, realicé diez peregrinaciones a Lourdes.
El 29 de diciembre de 1926 tuve audiencia con el Papa Pío XI, el que me dio una bendición especial para los pobres.
La última quincena de octubre de 1927 conocí el Cottolengo de Turín.
Mi última fecha de navegante fue el 10 de diciembre de 1930 me dormí entre los hombres para despertar en los brazos de Jesús, a quien tanto amé.
Pocas horas antes de morir repetía:
«Me muero sin ver fundado un Cottolengo en Barcelona».
Este deseo después de 75 años de navegación ha hecho posible que desde el cielo bendiga nueve Cottolengos, seis en España (Barcelona, Valencia, Madrid, Santiago, Hurdes, Alicante), uno en Portugal (Lisboa) y dos en Colombia (Buenaventura y Popayán). Deo Gratias!
Os invito a que deis gracias conmigo al Padre Dios porque su mano providente no nos abandona y a nuestra Madre María que ha protegido y protege cada momento de nuestro navegar por la vida.

O de oración

Sí, con vosotros quiero darle gracias al Dios que tanto me amó.
Y por ello aquí me tenéis con la siguiente letra del abecedario de mi vida, la o de oración.
Sin la oración nada de lo que sentía, vivía, amaba. . . tenía sentido.
Os dejo algunos pensamientos que impregnaban todo mi ser:
La oración en nuestra vida ha de ser como el pan en la comida, que se mezcla en todo.
La mejor oración es la conformidad con la voluntad de Dios. Señor, aquí está María.
(. . .) Se refiere al invento de la radio. Esto nos parece mucho y hacemos poco caso de la oración que es la telefonía sin hilos que nos dio Dios para hablar desde la tierra al cielo.
En la elección de los Apóstoles, Jesucristo nos enseña a no hacer nunca cosa de importancia sin haberlo encomendado muy de veras a Dios Nuestro Señor por medio de la oración.
Remedio para todo: la santa presencia de Dios y vida de oración que corta es nuestra vida, aunque dure 100 años.
Pídele a San José que te enseñe a orar que lo hace de muy buena gana.
Todos sabemos cuan necesaria es la oración para la vida espiritual, pues el hacerla bien y sacar fruto de ella depende de cosas bien pequeñas.
Me he de reformar en la oración. Más oración, más presencia de Dios atribuyéndole todas las cosas y esperándolo todo de Él. Hacer todas las cosas para agradarle y así quedaré siempre contento de cualquier modo que me suceda, gozándome que en mí y en todos se cumpla la voluntad de Dios.
El último acto libre que hizo Dios nuestro Señor en su vida, fue ir al Huerto a hacer oración. Ya no nos podía recomendar más la oración.
Acabo, invitándoos a que vuestra oración sea pequeña lamparilla en un mundo que la ansía y la necesita.
Nos encontraremos con la P de Programa

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