Retazos
de mi vida

P de programa

Me han dicho que os contase mi programa.
La verdad es que no sabía cómo hacerlo, así que he decidido que el mejor programa podría ser transcribiros dos retazos de las «crónicas de Caridad» que escribí en 1921 y que señalan el «programa» de dos días normales de mi vida.
Después de recreo he ido enseguida al Hospital Clínico para hacer la plática del retiro a las Hermanas. Luego he presidido la reunión de los caballeros. Por ser mañana la Purificación, su patrona principal, ha habido tabaco para todos. Después he ido a la sala del Dr. Torres para ver a aquel camarero, pero tenía visita de una tía suya. Después se ha vuelto a confesar y mañana comulgará. Luego he confesado a un joven murciano que trabajaba en Villanueva y hace tres años le salió en la cara un tumor horrible. Dice la Hermana que no puede curar. Es casado y deja una niña pequeñita. Le he dado una medalla Milagrosa. En la sala del Dr. Trias he confesado a aquel joven de la Seo de Urgel que ahora trabaja en Barcelona. Es buen chico y puede ser que después continúe confesando con frecuencia como yo le he dicho y él ha prometido. Veremos. Luego un chico de unos 21 años. Luego aquel hombre que se cayó de un puente y se rompió la pierna y el brazo. Un compañero que cayó con él quedó muerto en el acto. Luego aquel joven torero amigo de Joselito a quien se le disparó un arma y le hirió el pie. Y aquel pobre viejo de Ripollet y un hombre de Mataró y otro de no sé dónde. Dios me lo pague. Luego el tranvía no venía nunca. Viene uno lleno y no quiere parar. Pasa otro y lo mismo. Paciencia. El tercero he podido subir. Al llegar a casa un continuo de congregantes y penitentes hasta Letanías. Mañana recibirán la Medalla de la Virgen 17 congregantes nuevos de mi Congregación. El lunes comencé los Ejercicios. Misa a las 5 1/2. Plática a las 6. El domingo hizo la plática en la Congregación el R. P. Provincial, contó cosas de Filipinas. Gustó mucho.
Ya veis que mucho tiempo para aburrirme no me quedaba. i Gracias a Dios!
Aquí tenéis el programa de otro día.
El sábado por la mañana tenía mucho trabajo. Viene el sacristán y me dice: ¿Puede bajar para dar la Comunión a una señora? bajé enseguida y se la di muy despacio y con mucha devoción. Dios me lo pagará en la hora de la muerte pudiendo recibir con devoción el Viático. Así se lo pedí. Apenas me acababa de quitar el roquete en la sacristía llega otra: ¿La Comunión? Y con mucho agrado sin que nadie conociese nada se la di. Llego a la sacristía y cuando ya me marchaba llega otra. ¿Podría confesarme? He venido de muy lejos. ¿Cómo no? Alabado sea Dios y fui al momento.
El verdadero programa de mi vida, como habéis visto y ya sabéis, era amar a los pobres por amor de Dios, pero con obras, no sólo de palabras.
Nos veremos con la Q DE QUERER.

Q de querer

Mi camino con vosotros ha recorrido todas estas pistas:

A de amor B de balanza
C de cuadrar D de dedal
E de estirar F de fidelidad
G de gatear H de hilar
I de imagen J de juntos
L de limosna M de mirada
N de navegante 0 de oración
P de programa

Y lo retomo con la q de querer.
Ya hemos celebrado el 75 aniversario de mi encuentro con el Padre, fue en el año 2005 y para mí fue un tiempo muy especial ya que veía, desde el cielo, los momentos de mi vida que vosotros ibais recordando y que yo había vivido y querido tan intensamente.
Dos años después, en 2007, celebramos el 75 Aniversario de la fundación del Cottolengo que lleva mi nombre, también ha sido muy entrañable el ver como la obra que yo tanto quería y anhelaba para los enfermos pobres de Barcelona ha hecho un largo recorrido abandonada en las manos Providentes del Padre que nos quiere con locura.
Volviendo la hoja hacia atrás, me remontó a 1923, en mis «Crónicas de Caridad» escribía lo que para mí era el objetivo de mi querer: Querer a Jesucristo y quererlo en los enfermos más pobres. Querer la salvación de su alma y querer su reencuentro con el Padre que les está esperando: Os transcribo un fragmento:
Hace dos sábados voy al Hospital y no escribo nada por falta de tiempo y ahora ya no me acuerdo. Pero Dios sí que se acuerda y algún día me dirá: «Estaba enfermo y me visitaste, ven bendito de mi Padre» ¡Qué alegría aquel día! ¡Esto sí que es sacar el Gordo eterno! Vamos a ver. Me acuerdo de aquel pobre ciego a quien el tren aplastó las costillas, pero ya iba mejor, saldrá. Está casado con otra ciega, pero divorciado. Es expósito. Dios mío, cuánta miseria de cuerpo y alma. Se confesó. Después el criado de la sala de 18 años. Desde los 15 que marchó de su casa ha andado rondando por el mundo. Al electricista del Hospital, casado, no sé cuánto tiempo que no se había confesado y ahora ha quedado tan contento que lo hace cada semana como yo se lo aconsejo a todos. Son bastantes los que lo hacen en las dos salas Torres y Trias. En la sala Trias había aquel pobre albañil joven casado con tres chiquillos a quien ya he confesado tres veces. Su mujer llorando. Estaba el pobre ya en la agonía.
Hay una frase que expresa muy bien mis sentimientos respecto al verdadero querer y a la verdadera caridad:
«LA VERDADERA CARIDAD HA DE COSTAR. . . A CRISTO LE COSTÓ LA VIDA»
Y, sin dudarlo, un gran querer, devoción y confianza con la Santísima Virgen. Por este mi querer, es bien conocido el hecho de mi gran fidelidad de recitar diariamente el santo Rosario y de recomendar a todos esta devoción.

Seguimos con la R DE RAMA

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