Retazos
de mi vida

V de Vigilia

Y aquí estamos, en la recta final. En las vigilias de mi paso al Padre.

El seis de enero de 1926, día de Reyes dejé escritas en mis Crónicas de Caridad unas palabras que parecen haberme situado en esta recta final de mi vida.

Pido a Dios nuestro Señor la gracia de tener siempre un gran deseo de morir pronto para ir a gozar de Dios cuanto antes, y pasar todo el tiempo que me quede de vida haciendo actos de caridad. Que la vigilia de mi muerte esté haciendo el bien a los pobres.

Y el 2 de mayo de 1930, siete meses antes de morir, escribí de nuevo:

¡Qué contento estaré el día del Juicio cuando todo el mundo temblará ante el Juez de vivos y muertos, justo y misericordioso, y a mí me recibirá con los brazos abiertos acordándose de las muchas veces que he ido al Hospital para consolarle en la persona de los pobrecitos!

Desconocía totalmente la proximidad del desenlace que iba acercándose, que eran tiempos de vigilia. Yo seguía, como siempre, atendiendo mis obligaciones. Continuaba dando preferencia a los jóvenes y hombres que acudían en busca de consejo y deseosos de reconciliarse con el Señor. Vivía para servir a los demás, como siempre lo había hecho.

Me obligaron mis superiores a tomarme unas vacaciones en Viladrau, en la casa de Mas Molins… Allí estuve descansando, pues sin duda alguna tenía algo que hacía presentir a todos que vivía en época de vigilia. En aquellos días hice una visita al Hospital Clínico, en la que me despedí de mis queridos enfermos y les dije que rogasen a la Santísima Virgen por mí, que tenía muchas ganas de ir al cielo, y que le pidiesen que, si era la voluntad de Dios, que me llevase muy pronto allí.

La verdad es que mi salud, como ya os he contado, casi, casi desde el Noviciado, nunca había sido demasiado fuerte. Pero ahora me sentía cansado. A mediados de setiembre me salió junto a la oreja un grano maligno, que me duró más de un mes y me hizo sufrir bastante. Era la vigilia de la entrega total.

Durante los meses de octubre y noviembre continué con mis ordinarias actividades. Pero a primeros de diciembre comenzó a molestarme y preocuparme un grano relativamente pequeño, que me había salido en el interior de la nariz, que parecía sustituir al que anteriormente había tenido detrás de la oreja. Mi querido amigo, el Dr. Juan B. Rosset, médico eminente, se dio cuenta del peligro de aquel grano.

En aquella época era esto una enfermedad muy grave y me dijo que consultase con un especialista; pues temía que la infección, como así sucedió, se extendiera hacia el cerebro. Me insto a que me metiera en cama enseguida, cosa que hice.

Quise seguir la vida de comunidad, pero los superiores vieron más prudente que estuviese en la enfermería. La vigilia de mi vida iba acercándose a la Luz.

Pensé en mi hermana Elvira. «Pobre Elvira, ¡cuánto sentirá no poderme ver!» y pedí a un Padre, que estaba junto a mi cama, si querría escribirme una carta para mi hermana.

«Querida hermana: no seas tonta. Te prohíbo que llores. Estoy contentísimo. He pasado mala noche. A las cuatro, el P. Rector me ha dado el Viático y la Extremaunción, y me ha celebrado la Misa, junto a mi cuarto. Creo que tengo un ataque de apoplejía, que ya amenazaba. Veremos lo que será. Tengo la cabeza atontada. Pide a Dios que se cumpla su santísima voluntad. Yo tengo muchas ganas de ir al cielo pronto, sin pasar por el purgatorio. Todo lo del mundo no vale cinco céntimos. Mis grandes deseos eran: 1.- la conversión de los pecadores; 2.- el alivio de las almas del Purgatorio; 3.- , el arreglo de la cuestión social, que no tiene otra solución que el Evangelio, en el que se manda que los pobres tengan más resignación y los ricos más caridad. Te lo recomiendo mucho todo esto. Esta va también para Salvador, Cayetano y Mercedes. No seáis tontos. A los que aman a Dios, todo les sirve para su bien. Pide a la Virgen que, si me quiere en el cielo, que me lleve cuanto antes. Tu hermano, Jacinto.»

Estas eran mis inquietudes en la vigilia de mi encuentro con el Padre.

HIMNO DEL COTTOLENGO DEL P. ALEGRE

Mús.: Juan Carandell

Vivir siempre en Jesús y con sus ángeles, el dolor corporal no es el del alma. Cottolengo velad y haced que nuestras llagas por los demás, flores de amor, se hagan.

Subid a estas altas cimas de gloria, llegad adonde está vuestra victoria, con ilusión, que crezca vuestra Obra, que en el dolor la dicha y paz se forjan. Hermanos, sí, del Padre Alegre Jesús será nuestra bandera, como una cruz abiertos nuestros brazos de amor a Dios son los más dulces lazos.

Cual aves confiad con fe segura, Dios nutre sin cesar su criatura. Cottolengo dispón, la Mesa que adoramos danos el pan de amor para el hermano.

Por siempre cantará nuestra plegaria, los brazos al quehacer, al cielo el alma. Padre Alegre cuidad de todas vuestras casas que el puro Amor sostiene y levanta.

Nos encontramos con la Y de Ya.

Y de ya

Después de todo el recorrido por mi vida, ya llegó el momento final.

Estamos a IO de diciembre de 1930.

Mi vida se acababa. Y le doy gracias al Señor porque me concedió conformidad en el sufrimiento y una especial alegría de morir.

A las ocho de la mañana subieron a la enfermería algunos congregantes que salían de misa, para hacerme compañía.

Los congregantes, ante el altar de la Inmaculada rogaban por mi salud, y los más íntimos subían a la enfermería para estar conmigo.

Cuando ya veía tan cerca el cielo, un Padre pidió oraciones a Doña Dorotea o a Santa Teresita para que me concedieran la salud, y yo les dije que no. No quería que pidiesen mi salud.

Mi padre murió a los cincuenta y seis años, como yo; ahora se cumple su aniversario. Mi hermano murió más joven, ¡pobre Joaquín! Francisco, mi hermano mayor, vivió más años: murió teniendo ya sesenta y dos. ¡Ya es hora de que muera yo! Me parece que iré al cielo.

Se acercaban los congregantes mi cama, y yo estaba ya casi sin vista, les bendije y se retiraron, dejando a mis hermanos y sobrinos alrededor del lecho.

Serían las siete de la tarde, como quien delira, pedí me diesen la sotana para ir al Hospital temiendo que mis enfermos quedasen en situación de desamparo. Al decirme que ya habría quien iba a sustituirme me quedé tranquilo.

Me lamentaba de que no hubiese podido inaugurar el Hospital Cottolengo, que tenía en proyecto.

Viendo que se acercaba ya el momento supremo, el Padre Rector comenzó las oraciones del Ritual, a las que añadió algunos padrenuestros. Poco a poco volvió a llenarse mi habitación… Un cuarto de hora de respiración muy superficial y a las 20h22, sin estremecimiento, sin fatiga, como quien se duerme entre los hombres para despertar en los brazos de Jesús, finalicé ya mi camino en esta tierra

Acabamos con la Z de Zaragoza.

Z de Zaragoza

Amigos, ahora ya estoy en el final del abecedario y esta última letra, la z, os la escribo desde el cielo.

La verdad es que es una letra doble, G de Guim y Z de Zaragoza. El Padre Guim y Rómulo Zaragoza, estaban a mi lado cuando les manifesté mi pena de no ver fundado un Cottolengo en Barcelona. Ellos me prometieron que si les echaba una mano desde el cielo lo llevarían a cabo y así fue.

El P. Guim era mi superior y la verdad es que mi mejor amigo laico y continuo confidente en los últimos ocho años de mi vida fue, sin duda, Rómulo Zaragoza.

Con mi subida al cielo, pudiera pensarse que el plan de fundación del Cottolengo se iría desvaneciendo. Más no sucedió así.

Mis amigos, el primer paso lo dieron en una reunión celebrada el día 10 de diciembre de 1931, es decir, al cumplirse el primer aniversario de mi muerte. Reunidos Rómulo Zaragoza y otros colaboradores en la Parroquia de la Concepción, con su Párroco Sr. Santiago Oliveras, bajo la presidencia del P. Juan Guim, decidieron dar cuanto antes cumplimiento al compromiso contraído conmigo, y sobre todo con Dios, es decir, dar los pasos necesarios para la fundación de un Cottolengo en Barcelona.

Movidos por este impulso, Rómulo Zaragoza y su esposa Elisa, examinaron durante los meses siguientes diversos locales y finalmente el IO de diciembre de 1932 se inauguró la primera Casa, la «Pequeña Casa de la Divina Providencia», que en ese caso era una casa verdaderamente pequeña. Era un pequeño local en el Pasaje Tasso, no 10 y recibió el nombre de «Casa del Sagrado Corazón de Jesús» y a toda la obra se la designó desde el principio como «Cottolengo del P. Alegre».

En febrero de 1934, en el Cottolengo, diariamente comían cien niños. Se daba Catecismo a 200 niños y niñas. Y había una sala con ocho enfermos. La familia Zaragoza se había implicado totalmente.

El tiempo pasa rápido y en marzo de 1934 fue canonizado el Beato José Benito Cottolengo por el papa Pío XI. Un grupo de barceloneses presididos por el P. Pablo Sedó peregrinó a Roma para asistir a tan solemne acto. Fueron recibidos en audiencia por el Papa que les acogió a todos con mucha cordialidad. También en Roma les dio muestra de una gran simpatía el Canónigo Juan Bautista Rivero, entonces Director y Señor Padre de la Piccola Casa della Divina Provvidenza. Este apretando las dos manos de Rómulo Zaragoza le dijo: Nosotros somos el árbol y vosotros seréis una rama.

Desde el cielo vi como a la casa del Pasaje de Tasso se añadió otra nueva en la calle del Arrabal nº 20, cercana a la parroquia de la Bonanova. La primera sede la dejaron para enseñanza de escuelas y de catecismos. A esta casa se trasladaron los ocho enfermos el 30 de abril de 1934, fiesta de San José Benito Cottolengo y recibió el nombre de «Casa de la Santísima Virgen».

El Cottolengo crecía y era insuficiente la segunda casa de Arrabal 20, se convencieron todos de la necesidad de buscar un nuevo local y lo encontraron, más amplio y apropiado en una Casa-Torrre del barrio de los Penitentes, en la calle Azucena nº 2. El 29 de junio de 1936, Rómulo Zaragoza cerró el contrato de alquiler de la nueva casa y cl 10 de julio quedaron ya acomodados en ella los enfermos y todo el personal del Cottolengo que residían en la Casa de Arrabal 20. El local de Tasso 10, se mantuvo con su antigua finalidad.

Llegó la Guerra Civil Española y tanto el P. Guim como Rómulo Zaragoza tuvieron que esconderse. Yo rezaba por la paz y por el Cottolengo, que estaba en manos de seglares, y el Señor lo mantuvo.

Terminada la contienda se incorporó al Cottolengo para atenderlo las «Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del P. Alegre», una Congregación que tanto añoró mi amigo, Rómulo Zaragoza.

Y el continuo incremento de las actividades del Cottolengo obligaron pronto a buscar nuevo emplazamiento donde poder construir todo lo que conviniera. Después de recorrer y examinar muchos solares, se encontró uno que reunía las condiciones ideales y que es el que actualmente alberga al Cottolengo, llamado «Font del Carbó»

El 27 de setiembre de 1942 se realizó el traslado de la casa de la Calle Azucena 2, a los nuevos locales. Yo veía desde el cielo cómo la Providencia Divina había satisfecho mi deseo.

A este primer Cottolengo en Barcelona le han seguido en años sucesivos ocho más:

  • Valencia (04.05.1943)
  • Madrid-Carabanche1 (02.04.1948)
  • Santiago de Compostela (22.07.1951)
  • Fragosa, Cáceres (13.01.1952)
  • Alicante (21.09.1963)
  • Buenaventura (Colombia) (12.08.1984)
  • Lisboa (Portugal) (01.11.1989)
  • Popayán, (Colombia) (01.11.1998)

Como veis, la semilla que cayó en tierra sin dar fruto ha crecido como un gran árbol.

Finalmente deciros, y ya acabo este abecedario que empecé a contaros con la idea que me conocieseis un poquito más, que el 23 de setiembre de 1974, en la nueva Capilla o Iglesia de Cristo Salvador del Cottolengo, recién inaugurada, fueron depositados en dos fosas delante y muy cerca del altar mayor mi tumba y la del P. Juan Guim. Allí también reposan los restos de Rómulo Zaragoza, mi gran confidente y mano derecha en la ejecución del proyectado Cottolengo, el de su esposa Elisa Carbó y los de la Hna. Dolores Permanyer Volart, Fundadora del Instituto religioso de Servidoras de Jesús del Cottolengo del P. Alegre.

Deciros también que, en mayo del año 2014, el Papa Francisco, me nombró VENERABLE, ¡quién me lo iba a decir a mí!, pero los caminos de la Providencia son así de sorprendentes.

Gracias amigos. El Cottolengo es una obra del Dios Providente que nos necesita a todos, a ti, que estás leyendo estas hojas, también, no lo dudes.

DEO GRATIAS!

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